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Carmona, Beatos, Conjuradores y otros aliños:

Carmona.

Antiguamente había un dicho, los que tengáis cierta edad igual recordáis, que se utilizaba para quitar importancia a una fuerte tormenta, para tranquilizar a los niños se decía “la tormenta va para Carmona”.

Esta frase, que si fuera verdad que bien le vendría a Carmona y a Andalucía en general por la sequía que padecemos, era una deformación de la frase “la tormenta va calmona”, de calmona a Carmona sólo había un paso, y así perduró durante siglos. Bueno esta disquisición lingüística y refranera no es baladí, pues el tema del agua va estar muy presente en nuestra cita con la historia y el misterio.

Había en Andalucía una profesión de cierto éxito allá por los siglos XV y XVI que sería bueno recuperar, ésta se denominaba conjurador de nubes o tempestero, no era una profesión exclusiva de Andalucía, en Galicia recibían el nombre de nubeiros y de venteros en Valencia. Fray Martín de Castañeda con su obra “ Tratado muy sotil y bien fundado de las supersticiones” publicada allá por 1529, es un registro de primera mano de este singular oficio.

Los conjuradores se encargaban de conjurar a las nubes bien para atraer el agua bien para alejar las lluvias dañinas. Esta profesión legislada y completamente legal, no era bien vista por algunos sacerdotes y hombres del santo oficio pues se parecía sospechosamente a la hechicería y la magia.

Uno de los más críticos sobre estos tipos de profesiones fue el sacerdote y científico Pedro Ciruelo en su libro ”Reprobación de las supersticiones y hechicerías” de 1539. Ciruelo afirmaba que los procesos de lluvias y nubes eran naturales, y no sobrenaturales, había que llegar a una comprensión de los sucesos libres de ideas descabelladas y supersticiosa. El fondo era el correcto pero la forma en la que creía que se podía influir en las nubes es harto curiosa, y si no lean:

“Ante lo nublados, el medio natural es que se hagan los mayores estruendos y movimientos que pudiere en el aire, tañer en torno y a soga las mayores campanas que hay en las torres de las iglesias, y las que más recio sonido hagan en el aire. Y junto con esto hagan soltar los más recios tiros de artillería y los tiren contra la mala nube.”

Dejemos a un lado estos conjuradores y pasemos a otro tipo de magia más “picante”, me refiero a la magia utilizada para conseguir el amor del amado. El mal de amores tenía en Andalucía una solución: el aliño. No el aliño como aderezo de las comidas, sino uno mucho más especial. En la Andalucía del s.XVI y s.XVII se entendía aliño como la capacidad de dominar a un hombre para cuestiones amorosas mediante la ingestión de un brebaje mágico (aliño).

La preparación del brebaje se conseguía con una serie de ingredientes, la mayoría inmundos, uno de estos que nunca faltaba en todas las variantes que había de aliño era la sangre menstrual de la moza que deseaban ser correspondida por el mozo. Junto a este ingrediente tan especial había otros como alucinógenos y afrodisiacos, enmascarados mediante la utilización de tomillo y romero para quitarle o disfrazar el sabor.

El autor del reportaje, Fermín Castro.

En los pueblos costeros de Huelva se utilizaba un tipo de almeja exprimida (las coquinas por su alta capacidad afrodisiaca), aunque por lo general era el extracto de cantaridas lo que más comúnmente se utilizaba. En un diccionario del sXIX se nos da una definición de cantaridas a saber: Cantharis. insecto del orden de los coleópteros.Producen en la piel una hiperemia y prurito, posteriormente desarrollan ampollas, la ingestión de una pequeña dosis de polvo de cantáridas produce gastralgias, náuseas, fiebre y vómito, a dosis mayores lesiona el epitelio renal. Se usa principalmente como vesicante, para quemar verrugas y como revulsivo en neuralgias, a dosis muy pequeñas se ingiere como afrodisíaco. Para que nos entendamos se refiere a las moscas. Como veis todo son ingredientes naturales. Y el hombre del S.XXI creyendo que había encontrado un gran secreto con la viagra.

La utilización del aliño entrañaba sus peligros, pues en dosis elevadas podía provocar la muerte, hay una novela costumbrista de 1907 de D. Fernando Gómez de Toro donde el protagonista muere por la ingesta de este bebedizo. El libro en cuestión se titula “El Loco del Pumarejo”.

La única forma de conseguir que el mozo de turno se tomase algo tan asqueroso era espolvorearlo en las comidas, en los pueblos sevillanos se utilizaba en los dulces, en la provincia de Córdoba en el famoso potaje, en los pueblos costeros de Huelva en la salsa de coquinas y en Málaga en algunos tipos de guisos.

Empecé estas líneas hablando del dicho que enviaba todas las aguas a Carmona, y voy a terminar hablando de uno de los hombres grandes de Andalucía nacido precisamente en Carmona me refiero al famosísimo Beato Juan Grande “el Pecador”, lo de pecador se lo puso el mismo, un hombre que escuchaba una voz interior que le impulsaba y le instaba a ayudar a los mas desfavorecidos y enfermos. Este es uno de los hijos de Andalucía que podemos llamar grandes, pues prefiero un hombre humilde que da su vida por aliviar el sufrimiento del pueblo que el oropel de un conquistador que lo provoca. Nacido en la bella ciudad de Carmona 1540, se enfrentó con éxito a la peste, salvó innumerables vidas, murió en 1600, irónicamente a manos de la enfermedad a la que tantas veces se enfrentó. En la catedral de Jerez podemos contemplar una imagen de SAN JUAN GRANDE, Imagen que fue tallada por Damián Pastor en fecha de 1900. Imagen que se realizó como motivo de la celebración del III Centenario de su muerte. En realidad dejó de ser beato para ser canonizado en 1996 como santo San Juan Grande.

Quiero aconsejaros un libro donde podréis degustar estas y otras muchas curiosidades históricas de Andalucía, me refiero al libro de Don José Abascal “Brujería y Magia”(Evasión del Pueblo Andaluz)”.