Artículos Adimensionales


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El ocaso de los investigadores de lo paranormal:

En la actualidad, la nula calidad de las publicaciones del sector, la falta de nuevas informaciones y la colaboración mediocre y sin calidad de periodistas de postín, amenaza con zanjar de un plumazo la escasa credibilidad de las paraciencias.

Este mes de Enero, frío y casero como pocos, es una buena época para retomar viejos vicios hogareños, entre ellos, adquirir en el quiosco los primeros números de alguna de las nuevas colecciones, leer el periódico y ponerse al día en política internacional, o indagar por esas publicaciones a las que años antes regalabas tu tiempo y tu dinero, y que en pos de una lectura más madura y técnica relegaste a la curiosidad de la sala de espera del dentista.

Así que en un intento de retomar el pulso de lo paranormal, dediqué parte de mi presupuesto semanal a la compra de los respectivos números de las revistas que todos conocemos, y que con los mismos nombres, llevan más de una década hablando de lo mismo. Mi sorpresa fue grande, pues la adquisición de las tres revistas, sumaba más que el precio del último de los libros adquiridos en formato "de bolsillo", un jugoso ?Saramago? que hablaba de las desventuras de Dios y del Diablo.

La segunda sorpresa fue poder observar, no sin curiosidad, que amén de los consabidos legajos cuatricromados, había adquirido junto a ellos y a la par, varios "obsequios". Una sarta de CDs, DVDs, y CD-Roms, prometían que si bien la lectura salía un poco cara, al menos el visionado de dichos elementos sería entretenido. Supongo que en una época en la cual el tiempo de la lectura entra en competencia con el del televisor, poder ver algo relacionado con lo que se lee mitiga tal defecto de tiempo..., y ganas.

Una vez acomodado en mi sillón favorito, lejos de mundanales ruidos y molestias, bajo mi lámpara halógena de lectura y con mis pantuflas, me dispuse a comenzar la lectura por primera vez en seis años de publicaciones del sector paranormal.

Seleccioné para iniciarme una de las que antaño más satisfacciones me dio como lector y de la que más disgustos obtuve como colaborador. En un gesto de nueva reconciliación y con la sana intención de pedir perdón por mis pecados, y poder perdonar por los de ellos, me puse a observar la portada con delectación.

No podía ser cierto. ¿Se habría equivocado el pícaro señor quiosquero y me habría metido un número de hacía diez años?, ¿Pero todavía quedaba algún misterio por desvelar de la ilustre vida del archi-publicado, archi-conocido, Julio Verne?. Pensé que se trataba simplemente de una carambola del destino y que con esa causalidad de la que hablan mis eruditos favoritos, mi vida había topado de nuevo con la casualidad.

Pero no. Con sorpresa, y pasando hojas a la velocidad de un endemoniado, pude descubrir con sorpresa, por desgracia para mí, que tras seis años en el exilio, las publicaciones hablaban de lo mismo, igual de mal, e incluso ?fusilando? párrafos enteros. ¿Será que, al igual que con las Sagradas Escrituras, todo está escrito en su interior y que las editoriales de los "santos padres" de lo paranormal solamente pueden republicar lo publicado hasta la saciedad?.

Empezó a comerme la curiosidad. Tal vez, en estos seis años de los cuales hablo, había habido una especie de "holocausto paranormal" y que todo investigador posible o probable, había caído sepultado bajo una capa de hielo de varios metros.

Me puse a repasar los Staff de las publicaciones, y pude comprobar con sorpresa que una nueva retahíla de colaboradores cohabitaban con los de siempre. De esos nuevos poco o ningún contenido, cuatro noticias breves, mal documentadas, de sucesos de nulo interés y con fotos dignas de una excursión de fin de curso.

De los de siempre, artículos de lo de siempre. Una duda comenzó a atenazar mi cerebro, ¿Qué ha pasado con los investigadores de lo paranormal?. La razón y mis recuerdos me trajeron de nuevo a la memoria a los consagrados de la plumilla, personajes que no sin imaginación pero, eso sí, he de reconocer que con talento, plagaban las páginas del misterio con "presuntas abducciones", "hechos milagrosos", "inmersiones en legajos", "avistamientos milenarios", "psicofonías imposibles", "extrañas mutilaciones", "luces misteriosas" y un largo etcétera . ¿Qué había sido de ellos?...

Con una fuerte polémica como la de Bélmez de la Moraleda, que incluso había "salpicado" las columnas de las noticias en los "medios serios", era inaudito que apenas se encontrara una líneas en alguna de las publicaciones , información que apenas era un calco de lo que se puede ver en los programas sobre tertulias de la tercera edad de los matinales de televisión.

Me resultó poco creíble, que publicaciones que antes se consideraban "serias" en estos ardides de lo paranormal, y que para más intríngulis eran dirigidas o codirigidas, o dirigidas adjuntamente por periodistas nacidos a pocos kilómetros del "lugar de los hechos", apenas se pronunciaran sobre "el-no-va-más" de los paranormal de los últimos meses.

Sentí pena, he de reconocerlo, mucha pena, de ver, que lo que para mí fue el alimento de mi curiosidad, mi ilusión y uno de los momentos más agradables de la lectura de mí juventud, ahora se hubiera convertido en un "legajo cuatricromado" plagado de publicidad para móviles, de taroteros del amor y anuncios por palabras. Para cuadrar el círculo sólo eché en falta un crucigrama y una tira cómica.

Sí, siendo como me considero, persona justa y honrada, me arrepiento de haber comprado esas publicaciones, no por el dinero, asquerosa lacra de esta humanidad, sino por la desilusión de saber, ahora de primera mano, que nada curioso, inteligente o interesante pueden encontrar las nuevas generaciones en las publicaciones que a mí, al igual que a otros cientos o miles de personas, nos mantenían en vilo mes a mes.

La moraleja que saqué a fin de cuentas, es la de siempre.

Supongo, que como en muchos otros campos, la evolución de las comunicaciones: Internet, la telefonía móvil, las carreteras (que ahora también llegan a las Hurdes), la televisión etc... etc... han restado misterio al misterio, o simplemente complican la tarea de agregárselo a hechos insólitos, que ahora no se pueden magnificar como antes lo hacían a sabiendas que nadie más los investigará o publicará sobre ellos dada su inaccesibilidad.

Ahora, todo el mundo quiere ser periodista, nadie quiere ser investigador. Supongo que es un hecho social, no simplemente de este gremio de locos y oportunistas del que hablamos y entre los cuales, en algunas de las edades por las que he pasado, me incluyo.

Ahora, lo de investigar ya no se lleva. Eso sólo está justificado cuando su fin es la divulgación, al precio que sea, en el medio que sea, como sea. Ver escrito nuestro nombre en la pared, o en el staff de uno de estos medios, o culminar con la entrevista que nos hacen desde la Cadena SOY, o de la "Cadena del Whater", es el único fin, que puede justificar que ya no existan auténticos investigadores.

Hoy en día supongo que los pocos que investigan, sienten más cerca que nunca la espada de Damocles sobre sus calaveras. Debe ser triste, supongo, hacer de puta y poner la cama, que ya ni la intención se perdona. Debe ser triste digo, ser predicador y no poder subirse al púlpito, mes a mes, semana a semana, a contar la verdad que todos saben, pero que nadie se atreve a proclamar.

Bueno, visto lo visto, abandono la intentona, y me pongo a deleitarme con Saramago, a vosotros os dejo con lo que más os guste, y a "ellos" con la redacción de otra nueva guía para entender "el código Da Vinci", algo tan simple como carente de fuste, que a mí nadie me tuvo que enseñar a entender el cuento de Maria Sarmiento.

jltajada@alotrolado2002.com

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