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La teoría del Colapso:

Han pasado más de cien años desde que se comenzó a estudiar los fenómenos paranormales, y pese al esfuerzo realizado no hemos encontrado ninguna explicación satisfactoria para ellos. En varias ocasiones se ha planteado la necesidad de modificar el paradigma actual si pretendemos encontrar los principios que los rigen. La teoría del colapso no es una simple propuesta para modificar este paradigma, pues se basa en el estudio del origen de los fenómenos paranormales bajo la óptica de unos axiomas radicalmente diferentes a los convencionales. Con esto el conjunto de la naturaleza aparece ante nuestros ojos desde una perspectiva que no sólo hace posible la existencia de esta clase de fenómenos sino inevitable. Pero no se trata únicamente de una teoría "filosófica". Sus premisas han sido llevadas al campo de la investigación y los resultados obtenidos señalan que la dirección tomada puede ser la correcta.

CONCEPTOS PRELIMINARES

Distancias espaciales y temporales, movimiento como desplazamiento en el espacio, relación entre causa y efecto son partes de esas verdades básicas que nos hacen ver un mundo continuo e irreversible en el que nos trasladamos de un lugar a otro con el paso de los días, los meses o los años (el continuum de la física clásica). Ciertas cosas producen otras cosas, y así las bases de los acontecimientos se encuentran en otros acontecimientos anteriores, siendo el proceso irreversible dado que el encadenamiento de sucesos jamás retrocederá (nunca observaremos la recomposición de una taza rota como ocurre cuando volvemos hacia atrás una grabación de vídeo). Este es el mapa de la realidad que la mente elabora con el uso de la razón y la deducción lógica; o por lo menos es el modo en que el pensamiento occidental la ha cartografiado. Pero, ¿realmente no estamos confundiendo el mapa con el territorio?, ¿el origen de la realidad es de verdad la continuidad o es esta continuidad una traducción cerebral humana?.

El concepto del tiempo ha intrigado al ser humano desde la más remota antiguedad.

El desplazamiento en el tiempo y en el espacio nos hace ver un mundo continuo e irreversible en donde diversos efectos producen diferentes causas.

Se trata tan sólo de una traducción cerebral humana.

Decir que algunos animales no ven los colores es erróneo; no los ven porque no existen. El ojo humano capta ondas electromagnéticas y el cerebro las traduce en un mundo poblado de colores y tonalidades. Del mismo modo ciertas variaciones en la presión del aire son traducidas en sonidos, o el movimiento especial de moléculas en frío y calor. Los estímulos son interpretados por el cerebro dando forma a un universo repleto de sensaciones, y con ellas elaboramos los mapas de la realidad. ¿Pueden ser el tiempo y el espacio "traducciones" del desarrollo de otro proceso de la naturaleza que se escapa al ser humano actual?.

Un filósofo griego llamado Zenón negó que el movimiento fuera desplazamiento en el espacio, aportando una serie de paradojas que han llegado hasta nuestros días sin ser resueltas satisfactoriamente pese al increíble esfuerzo realizado por muchos grandes pensadores en los últimos 2.500 años. Diferentes escuelas filosóficas, basándose o no en Zenón, han realizado la misma afirmación durante siglos. El budismo ha mantenido esta postura sosteniendo que realmente los desplazamientos de objetos son como relámpagos encadenados que apenas aparecen desaparecen.

"Tan sólo una ilusión, por persistente que ésta sea" dijo Einstein del tiempo. La frase, aunque venga del padre de la relatividad, podría ser tomada como una pirueta filosófica, pero sin embargo no se trata de una idea falta de precedentes y pruebas. Es sabido que de nuevo el budismo ratifica estas palabras, y que la lista de místicos que las han defendido a lo largo de la historia es más que extensa, pero también varios pueblos aborígenes no comprenden el discurrir del tiempo tal y como lo hacemos nosotros. Si los jíbaros nos desorientan con sus afirmaciones, los hopi nos aturden cuando comprendemos que no existe el tiempo para ellos; nada más existen acontecimientos de los que son conscientes o no, y su lenguaje nos resulta incomprensible al no disponer de referencias temporales.

Hoy la física cuántica ya no nos sorprende al hablar de las extrañas propiedades de las subpartículas, entre las que me gustaría destacar la capacidad de algunas para "viajar" del presente al pasado. La parapsicología las ha tenido muy en cuenta a la hora de formular hipótesis y teorías. Sin embargo ni los teóricos más avanzados se atrevieron a abandonar los paradigmas ahora ya clásicos, de tal modo que se especuló con su facilidad para atravesar la materia cuando intentaron explicar la percepción extrasensorial, o la influencia del observador a nivel del micromundo para encontrar solución a la psicokinesis, siempre sin alejarse del concepto tradicional de continuidad. Sin embargo el mundo subatómico aportó raras concepciones sobre la realidad como el experimento de elección retardada expuesto por John Wheeler, en donde el observador elige el pasado de la subpartícula dando lugar a la posibilidad de que tanto el presente como el pasado del universo físico sea una elección de los seres vivos que lo habitan; lo que sin duda hace resonar con mayor fuerza las palabras de Einstein.

Los términos "transmisión" e "influencia" han calando tan hondo en nuestra disciplina que muy pocos investigadores han sido capaces de apartarse de su embrujo. Después de todo se encuentran emplazados en la continuidad incluso cuando queremos describir la precognición (aunque en este caso sea para predecir esa continuidad). Pese a que no hemos encontrado una explicación para las capacidades psi, y diversos trabajos han señalado que estamos ante una sola facultad; o mejor dicho, ante un único fenómeno, la mayoría de las investigaciones se centran en una de sus dos variantes.

Hemos dejado caer sobre la mesa de estudio un plano elaborado con fenómenos psi-gamma y psi-kappa, con percepción extrasensorial y psicokinesis, con mente y materia; y creemos que el plano es el territorio. Pero si el territorio no es la continuidad el mapa no nos vale para guiarnos dentro de él. Con otras palabras: la parapsicología ha errado el rumbo al dejarse conducir por un paradigma que no podía explicar la existencia de los fenómenos que estudiaba.

Joseph Banks Rhine estuvo seguro de encontrarse ante "dos caras de la misma moneda". Si esto es así cabe preguntarse cuál es esta extraña moneda cuyo metal incluye otros hechos paranormales que van desde los aportes de objetos a las apariciones de difuntos. Para lograrlo debemos retornar brevemente sobre nuestros pasos en dirección a una de las principales corrientes teóricas de la parapsicología.

LA HIPÓTESIS ANIMISTA

El inglés Edward B. Tylor, padre de la etnología, describió la creencia de algunos pueblos aborígenes en un principio vital extraordinariamente activo al que denominó anima. Eterno e impersonal se encontraba contenido en la propia naturaleza, en todas las cosas y todos los acontecimientos; a él debía su origen la realidad. Su introducción en la parapsicología se debe al poco comprendido y discutido Alexander N. Aksakow, que negando la importancia con que la naciente psicología revestía al concepto de inconsciente vio en el anima "... un centro substancial de fuerza que piensa y organiza".

El tiempo todo lo diluye. Cuando la psicología y la parapsicología se separaron de la filosofía muchos conceptos puramente psicológicos fueron aplicados por nuestra disciplinar para entender los fenómenos paranormales, hasta el punto de que anima llegó a ser sinónimo de inconsciente, de tal forma que la hipótesis animista quedó reducida a "simples" manifestaciones psíquicas o plasmaciones físicas de contenidos inconscientes, mientras que paralelamente los conceptos de anima y espíritu se acercaron tanto entre sí que resultaron imposibles de distinguir. Esto dio lugar al uso del término psi y de la frase facultades psi para identificar con claridad la hipótesis animista ante la espiritista. Por un lado se estudiaba la posible utilización de capacidades psíquicas y por otro la intervención de los espíritus en la esfera de los vivos.

El animismo nació del estudio de pueblos que no compartían nuestras creencias sobre los axiomas de la realidad. Sus concepciones sonaban demasiado confusas para una civilización que creía hallarse en posesión de la verdad absoluta y pronto fue apartado sin prestarle demasiada atención. Por suerte algunos pensadores e investigadores pusieron en tela de juicio esta seguridad. Entre ellos es de destacar Carl Gustav Jung que con el apoyo del físico Wolfgang Pauli introdujo el concepto de sincronicidad que por primera vez excluía la existencia de la percepción extrasensorial y la psicokinesis.

Carl Gustav Jung desarrolló el concepto de sincronicidad.

La sincronicidad, tan nombrada como incomprendida, más que una explicación es una descripción objetiva del desarrollo de los fenómenos. En la naturaleza se daban coincidencias significativas mucho más allá de lo que la teoría de las probabilidades dictaba. En la mente de una persona podía aparecer un pensamiento coincidente con el de otra persona, o se podía producir un hecho físico vinculado con lo que alguien pensaba en ese momento sin existir una relación entre causa y efecto, sin embargo la coherencia en su desarrollo hacía ver entre los acontecimientos una relación sólo debida a su significado. No existía transmisión o influencia, únicamente coincidencias reveladoras de un orden natural que escapaba al conocido.

Jung especuló con la posibilidad de que la sincronicidad se debiera a una manifestación de lo psicoideo, la capa profunda del inconsciente, capaz de influir y modificar la realidad. Y es que cuando se ahonda en los conceptos de Jung, el inconsciente parece ser una vía de estructuración en lugar de un gran conjunto de datos archivados.

Al hablar de un orden natural que escapa a nuestros conocimientos retornamos a la hipótesis animista original, y es en este punto donde la teoría del colapso da sus primeros pasos. 

LA ESTRUCTURACIÓN DE LA REALIDAD

Bajo lo óptica de la teoría del colapso el factor psi no es una fuerza ni una energía. Tampoco se trata de una facultad, capacidad o poder psíquico semejante a los conocidos (memoria, instinto, pensamiento), por lo tanto no existen transmisiones de ningún tipo ni influencias energéticas sobre la materia. Psi es la función o acto psíquico estructurador de la realidad. Al hablar de estructuración parece que me estoy refiriendo a la antigua idea de que el mundo es una creación mental. He rehuido intencionadamente el término crear porque esta palabra induce a pensar en la aparición de objetos desde la nada, pareciéndome mucho más correcto hablar de colapso en el sentido que le da la física cuántica; es decir, como observación que determina la existencia y la localización.

Wolfgang Pauli fue un gran estudioso de la sincronicidad.

El mundo que observamos es un colapso de todas las infinitas posibilidades que se dan potencialmente en el universo para que un objeto exista o un suceso se desarrolle. Como elemento no físico pertenece a la acción desplegada por lo que he denominado observador interno, alejándome deliberadamente de las palabras alma, espíritu y anima, pues además de proyectar la imagen de "cuerpo sutil", "doble etéreo" o "substancia impalpable" fomentan ideas metafísicas sobre otras dimensiones y mundos intangibles. El observador interno no se puede situar en un lugar del tiempo o del espacio, se encuentra en un continuo "ahora" atemporal, colapsando con su actividad a ambos elementos y a la materia.

Al universo estructurado como una única realidad por el factor psi lo he denominado colapso establecido. Es el mundo, la totalidad, la creación; en otras palabras, la naturaleza. Pero siendo una elección de los seres que lo habitan, el colapso establecido puede ser modificado al variar la opción del observador, y con la alteración las leyes que aparentan regirlo dejan de ser eternas e inmutables. En la naturaleza existen todas las posibilidades de que todo se dé. El colapso se establece tal y como lo conocemos gracias a los hábitos adquiridos por los observadores internos de los seres vivos. Los hábitos, a diferencia de las leyes, pueden modificarse siendo esta modificación lo que hemos interpretado como fenómenos paranormales. En ciertas circunstancias la consciencia puede lograr que la función psi colapse una realidad diferente a la habitual.

Desde que la física dividió la materia hasta lo minúsculo sabemos que los objetos no se encuentran formados por pequeñísimas porciones de elementos materiales, sino por subpartículas a las que podemos entender en parte gracia al idioma matemático. Sabemos muy poco sobre su naturaleza última, pero intuimos que no se tratan de entidades en sí mismas, más bien podemos nombrarlas como tendencias a existir que dependen hasta límites insólitos de la observación que efectuemos sobre ellas.

El tiempo puede definirse como la capacidad psíquica de medir el movimiento de la materia en el espacio, sin embargo, lo que al consciente le parece desplazamiento es para el observador interno una selección entre las infinitas posibilidades existentes de modo potencial en la naturaleza. El movimiento no existe como desplazamiento. Cuando andamos no estamos desplazándonos de un lugar a otro, verdaderamente lo que hace el factor psi es reedificar el mundo que rodea al observador interno, cuando levantamos el brazo no estamos trasladando una parte de nuestro cuerpo por el espacio sino eligiendo unas determinadas posibilidades.

Curiosamente este pensamiento encuentra comprensión entre los amantes de la informática, pues aunque resulte extremadamente limitado como analogía, el fenómeno conocido con el nombre de renderización actúa de modo muy parecido al colapso. Con los programas de animación en tres dimensiones se pueden producir espacios virtuales plagados de actividad. La pantalla del ordenador crea la sensación de movimiento recorriendo un espacio que en realidad no existe, pero que el programa se encarga de generar mediante complicados y rápidos cálculos dando forma a lo que hemos bautizado con el nombre de ciberespacio. Aunque el ejemplo es limitado podemos equiparar al observador interno con el espectador de la renderización. Sin que exista movimiento la consciencia siente un desplazamiento ficticio al reorganizarse continuamente la realidad frente a él. Los observadores internos no se desplazan en ningún momento sino que "renderizan" los objetos y los seres de su entorno dando la sensación de que el movimiento los hace apartarse o aproximarse.

El fenómeno conocido como "renderización" puede darnos una idea aproximada de cómo se forma el mundo que nos rodea, aunque al igual que toda analogía resulta limitado frente al origen del colapso establecido.

De alguna forma pensamos que el tiempo y el espacio son escenarios donde transcurren las cosas materiales, cuando en sí mismos son fenómenos relacionados con el origen de la materia. Si Newton presentó un tiempo absoluto que transcurría uniformemente, Einstein lo mostró unido al espacio siendo la materia un "nudo" formando por el espacio-tiempo. Un ordenador renderiza el ciberespacio desde el presente hacia el futuro, sin embargo el observador interno desde su atemporal "ahora" colapsa la realidad estructurando lo que conocemos como pasado

Esa realidad es experimentada de forma continua por el ser humano. De esa continuidad no quedan rastros, en el sentido de que desaparece y sólo contamos con nuestra memoria como prueba de su existencia (una fotografía no es un objeto del pasado sino del presente). Lo que nos parece evocación de sucesos anterior es una determinación constante e ininterrumpida de su existencia y localización en ese atemporal "ahora" interior. Los objetos de este mundo y sus desplazamientos son "recuerdos" en la mente de los seres vivos. El tiempo es el colapso de los acontecimientos unidos en el presente por su significado lo que crea una línea hacia atrás que da sentido al pasado.

Continuamente las criaturas reedifican la realidad que habitan. Tomamos por evocación y memoria lo que verdaderamente es una estructuración constante de la naturaleza. La idea en principio puede parecer ilógica de no tenerse en cuenta interesantes experimentos como el de elección retardada de Wheeler en donde se elige el pasado de la subpartícula, y en otro campo distinto las constantes afirmaciones de los místicos que han visto en la vida el origen de todo lo conocido (Jesús recordó a los que querían apedrearle "Yo he dicho: dioses sois", en San Juan, 10-34).

INFINITO Y ONDAS DE PROBABILIDAD

Hemos confeccionado nuestros idiomas basándonos en referencias espaciales y temporales. Con ello nos es imposible alejarnos de estos conceptos cuando pensamos y reflexionamos. He preferido no crear términos nuevos ni separarme en exceso de los más habituales, pues de hacerlo mis palabras resultarían incomprensibles, así que las expresiones relativas a la memoria, al espacio y al tiempo siempre deberán ser tomadas como simples referencias erróneas en un mapa que en principio sirve para no extraviarnos. Sin embargo a la hora de exponer el sistema por el que se estructura la realidad resulta posible utilizar el lenguaje matemático. Con esta intención debemos familiarizarnos parcialmente con dos conceptos: el infinito y las ondas de probabilidad.

Cuando sumamos uno más uno y nos da dos vemos que el resultado es una cifra mayor que los sumandos, contrariamente una cantidad infinita o finita sumada a otra infinita da como resultado otra vez el infinito: el todo no siempre es mayor que algunas de sus partes. Este sencillo ejemplo nos permitirá comprender después cómo un solo observador interno colapsa la realidad igual que la suma de todos los observadores.

1 + 1 = 2

INFINITO + 1 = INFINITO

INFINITO + INFINITO = INFINITO

El todo no siempre es mayor que las partes que lo forman

Aunque considero imprescindible una buena comprensión de las ondas de probabilidad y sus propiedades para ver la relación que existe con el colapso, básicamente las ondas de probabilidad son un concepto formulado por Erwin Schrödinger basándose en la ideas de Louis de Broglier que pertenece casi en exclusiva a la física cuántica, y hacen referencia a la actuación de las subpartículas. En verdad no nos dicen nada sobre su naturaleza última, pero valen para describir sus actuaciones y hacer predicciones. Sus características principales son idénticas a las de cualquier clase de onda (agua, sonido, electromagnética) y con ellas podemos aproximarnos a la teoría del colapso.

Una subpartícula puede ser entendida como una onda pero así como hay agua en toda una onda de mar, la onda de probabilidad es una descripción matemática que nos permite calcular dónde tiene más posibilidades de ser localizada. Cuando esto sucede se produce lo que Schrödinger llamó el colapso de la función ondulatoria, y la subpartícula deja de ser algo borroso para nosotros y se transforma en un objeto "material".

Como toda analogía las ondas de probabilidad resultan limitadas a la hora de describir un dinamismo que va más allá de todo lo conocido. Me he percatado que muchas personas entienden mejor la teoría del colapso si hablamos de ondas de "recuerdos". Cualquier observador los genera y colapsa en su sentido de que para él existen potencialmente un número infinito del que escoge unos concretos (determina su existencia y localización). Pero tanto si deseamos hablar de probabilidades o de "recuerdos" en el nuevo mapa que estamos confeccionando de la realidad se observa otros fenómenos asociados a la ondas de cuya evolución surge el mundo ante nosotros tal y como lo conocemos.

La filosofía que defendió la idea de que el mundo es una creación mental ha tenido grandes problemas para contestar a las cuestiones de por qué es el mismo mundo para todos y cómo es posible que la realidad sea igual para un solo ser vivo que para el conjunto de la vida. Una de las principales diferencias existentes entre los términos "crear" y "colapsar" radica en que creación llega a ser sinónimo de producción individual. Si los seres son individuales cada uno crearía su propia realidad, y el problema se presenta cuando nos preguntamos cómo pueden coincidir en una sola las realidades particulares. Arthur Schopenhauer se enfrentó al dilema llegando a la conclusión de que de algún modo debía existir un orden predeterminado. La teoría del colapso se enfrenta a esta estructuración de la realidad desde otro ángulo al no aislar a los seres vivos como meros creadores individuales de la naturaleza.

Cuando se produce el choque entre ondas hallamos el fenómenos llamado interferencia. Si miramos el oleaje del mar podemos distinguir la altura de las olas (amplitud de onda) y su separación (longitud de onda). El choque entre las olas puede producirse en el momento en que están subiendo o bajando, lo que da lugar en el primer caso a una nueva ola cuya altura será el doble de las originales, en el segundo se anularán mutuamente y el agua no sufrirá alteraciones. Estos fenómenos que reciben en nombre de interferencia constructiva y destructiva respectivamente pueden ser totales o parciales y son aplicables a cualquier clase de onda. De la misma forma las ondas de probabilidad chocan entre sí. Aquellas que provoquen una interferencia constructiva darán lugar a la realidad física que todos observamos, y las que produzcan una destructiva no llegan a plasmarse en el mundo material quedando como nuestro interior psíquico privado.

La realidad física debe su origen a este fenómeno asociado a las ondas.

Interferencias constructivas y destructivas

Me gusta comparar al universo con un inmenso mar en donde un infinito número de ondas evolucionan, se desarrollan y chocan constantemente. En este mar insondable es imposible saber quién ha dado forma a los objetos. Cuando dos ondas se juntan y se separan no es posible saber si se han cruzado o se han rechazado. Es fácil ver este fenómeno en el flujo y reflujo de las olas en una playa entre las que retroceden después de golpear la orilla y las nuevas que intentan alcanzarla. Del mismo modo los elementos materiales de este mundo no se encuentran vinculados con observadores individuales. La estructuración de la realidad es una acción del conjunto de la vida que no puede ser desgranada en actuaciones aisladas; los objetos "pertenecen" por igual a todos los observadores.

Es imposible saber el origen de una onda formada por el encuentro de otras ondas

Del mismo modo no es posible distinguir a los observadores que colapsan los objetos de este mundo

Un único observador dispone de infinitas ondas de probabilidad que al ser colapsadas estructuran la realidad frente a él dando forma a los objetos y sus desplazamientos en el tiempo y en el espacio. Si estamos mirando un paisaje nuestra elección entre esta infinita cantidad de "recuerdos" dará forma a los árboles, los montes y las nubes. Aunque se acerque un nuevo observador el colapso establecido no sufrirá ninguna alteración, pues el número ilimitado de ondas del nuevo observador interferirá de forma constructiva con las nuestras y la realidad no cambiará ante nuestros ojos, cumpliéndose el modelo matemático relacionado con el infinito: el total no es mayor que las partes que lo forman. Infinito más infinito da de nuevo el infinito.

Desde sus orígenes la parapsicología se percató de que la mente no debía encontrarse en su estado ordinario para producir fenómenos paranormales (algo que ya afirmó Platón en su diálogo Tímeo). Fuertes emociones, estados transformados de consciencia, depresiones o diversos agotamiento psíquicos potenciaban la manifestación de los fenómenos; asimismo los sujetos con ciertas característica psíquicas eran más propicios a provocarlos. Mientras la mente se encuentra en su estado común el factor psi estructura la realidad dentro del colapso establecido, pero cuando se altera al observador sea por complicaciones de la vida, intencionadamente e incluso por medios artificiales su habito de estructuración se perturba. La realidad se edifica tal y como lo percibimos gracias a la acción conjunta de todos los seres vivos, y las alteraciones son lo que conocemos como fenómenos paranormales.

Bajo la óptica del colapso no existe pues transferencias o influencias energéticas, sino perturbaciones en el colapso establecido. Un sujeto parece haber captado el pensamiento de otro cuando en verdad lo que se está produciendo es una reestructuración de la realidad. Un contenido psíquico coincide con otro contenido psíquico o con el desarrollo de un suceso físico debido a que esa realidad que nos incluye a nosotros mismos, a nuestros propios cuerpos y nuestros propios cerebros, es colapsada ininterrumpidamente por el conjunto de la vida. Lo que hemos entendido como percepción extrasensorial, lo que Jung y Pauli bautizaron como sincronicidad, es la estructuración de las mentes que dependen hasta límites insospechados de los demás individuos. La retrocognición o la premonición no son "ver" el pasado o el futuro, sino la línea trazada desde el atemporal "ahora" del observador interior que hace coincidir los acontecimientos por su significado en lo que la mente común traduce como el presente. Un objeto puede modificarse físicamente, levitar, atravesar la materia o realizar desplazamientos imposibles debido a que hemos traducido erróneamente la naturaleza última del movimiento.

SEÑALES DE EVIDENCIAS

En un principio parece imposible encontrar pruebas demostrativas de una teoría como la que se presenta en estas páginas, pero si la continuidad es un mapa incorrecto del territorio de la realidad, si los fenómenos paranormales son indicios que muestran este error cartográfico, la parapsicología puede elaborar experimentaciones y pruebas que confirmen o refuten la teoría del colapso. 

Sé perfectamente por propia experiencia que abandonar el paradigma clásico llega a resultar traumático, después de todo los conceptos tradiciones de tiempo, espacio, movimiento, transmisión, influencia, causa y efecto se encuentran incrustados en lo más profundo de nuestro interior, pero como en cierta ocasión aconsejaba Santiago Ramón y Cajal: "Hay que limpiar la mente de prejuicios y de imágenes ajenas, hacer el firme propósito de ver y juzgar por nosotros mismos, como si el objeto hubiera sido creado expresamente para regalo y deleite de nuestro intelecto". Con este espíritu fueron realizados diversos proyectos de investigación: 

- SILA (sincronicidad en laboratorio). Pruebas tradicionales con dibujos, cartas Zener y dados en donde se excluía por completo o dificultaba al máximo la manifestación de la percepción extrasensorial y la psicokinesis. Comprobación de la existencia de un único fenómeno mediante la desorientación de los voluntarios al participar en experimentos en donde se les preparaba para una prueba psíquica cuando se realizaba una física.

- SEREX (ser extrafísico). Creación mediante la voluntad de los participantes de manifestaciones espiritistas sin la intervención de ningún médium utilizando sesiones tradicionales en donde se incluían invocaciones, agrupación de los participantes entorno a mesas y otros métodos típicos para potenciar los fenómenos. 

- TRANSCOMUNICACIÓN. Dividido en psicofonías y psicoimágenes se trabajó en la reordenación de sistemas caóticos hacia resultados perceptibles, utilizándose respectivamente el sonido aleatorio de fondo y la producción de formaciones luminosas en monitores que debían acoplarse a los contenidos psíquicos de los participantes.

A estos proyectos se deben añadir diversas investigaciones de laboratorio como la influencia de la mente en el crecimiento de las plantas o las realizadas con personas presuntamente poseedoras de facultades psi, además de los trabajos llevados a cabo en casos espontáneos.

Sin duda harán falta muchos más medios técnicos y humanos así como más horas de dedicación y labor investigadora para confirmar o rebatir la teoría. El colapso plantea un nuevo paradigma y unos nuevos axiomas que pueden llevarnos a comprender el origen de ese metal que componía la famosa moneda de Rhine, pero para esto lo primero y lo más costoso será comenzar a extender un nuevo mapa sobre el anterior que nos conduzca por caminos y sendas hasta ahora ignoradas en el territorio de la realidad.

El presente trabajo pertenece a la conferencia pronunciada por el autor durante el Primer Encuentro Iberoamericano de Parapsicología celebrado en Buenos Aires (Argentina) del 15 al 17 de noviembre de 1.996, en donde presentó por primera vez la teoría del colapso.

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