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El vuelo de las sirenas:

Cuando escuchamos o leemos la palabra sirena en seguida nos viene a la mente la figura de la mujer-pez. También cuando alguien nos quiere “vender la moto” de alguna manera utilizamos la expresión “cantos de sirena”. ¿Y si el mito de las sirenas fuese distinto al que conocemos? ¿Estamos seguros de que conocemos bien la antigüedad? Es necesario revisar el pasado de la especie humana y darnos cuenta que todavía hay mucho que no conocemos. Adentrémonos entonces en el mundo desconocido de las Sirenas.

Mujeres-ave

Cuando creemos que algo ya lo sabemos no nos molestamos en averiguar si es cierto. En este caso si nos dirigimos al diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos sorprenderá la definición de sirena que nos hace: “Cualquiera de las ninfas marinas con busto de mujer y cuerpo de ave, que extraviaban a los navegantes atrayéndolos con la dulzura de su canto.” Como podemos comprobar, en el arte griego las sirenas aparecen representadas ya desde la época arcaica como mujeres-ave, bien aisladas, bien en la escena junto a la nave de Ulises. Existían mujeres-pez dentro de la mitología griega pero eran otro tipo de ninfas marinas como el caso de las Ondinas e incluso las Nereidas en la cultura grecolatina.

La Odisea

Homero es el primero que nos menciona a las Sirenas en su famoso libro La Odisea que recopila una serie de cantos que se trasmitían de forma oral. En el canto XII, la hechicera Circe le dice a Ulises: “Ya estáis, pues, al final del primer viaje. Ahora, escucha lo que voy a decirte, que algún día te lo hará recordar un dios. Tendréis que pasar primero cerca de las Sirenas, que encantan a cuantos hombres se les acercan. ¡Loco será quien se detenga a escuchar sus cánticos, pues nunca festejaran su mujer y sus hijos su regreso al hogar! Las Sirenas le encantaran con sus frescas voces. La pradera en donde habitan tiene a su alrededor una orilla blanqueada por los huesos de los hombres cuyas carnes se perdieron... ¡Pasa sin detenerte después de taponar con blanda cera las orejas de tus compañeros! ¡Que ni uno solo las oiga! ¡Tu solo en la nave puedes oírlas si quieres, pero con los pies y las manos atados y en pie sobre la carlinga, hazte amarrar al mástil para saborear el placer de oír su canción! ¡Y ordena a tus compañeros que si les suplicas o les ordenas que te suelten, den una vuelta mas a la cuerda! (...)”

Origen

Aunque en La Odisea de Homero no encontramos ninguna descripción de cómo son las sirenas físicamente, una de las versiones del mito nos cuenta que las Sirenas eran tres hermosas ninfas (en algunas versiones hasta cuatro), de voz melodiosa y destreza incomparable para tañer la lira y cantar. Se llamaban Licosia, Ligea y Parténope y eran hijas del río Toas o Aqueloo y de la Ninfa –aunque muchas veces se nos ha dicho que era una Musa- Caliope. Vivian en un promontorio llamado Sirenusa, entre las costas de la isla de Capri y la península italiana.

Para el poeta Ovidio, las sirenas no siempre tuvieron esa forma, sino que en un principio eran mujeres muy hermosas compañeras de Persefone (diosa del mundo subterráneo y compañera de Hades). En distintas versiones del mito se nos dice que fueron castigadas por Demeter entre otros muchos dioses a causa de su pasividad ante el secuestro de una de ellas por Hades. Castigo o ayuda para poder recuperar a la sirena secuestrada, lo único que sabemos es que desde ese momento se convirtieron en un híbrido con busto de mujer y cuerpo de ave.

Otros relatos

La verdad es que varios héroes pasaron por su isla. En el caso de los Argonautas, se cuenta que pasaron muy cerca de la isla de las sirenas, pero que Orfeo que acompañaba a Jasón en su búsqueda del Vellocino de Oro, logra resistir gracias a que tenía fama de cantar maravillosamente hizo uso de su talento con tanta armonía y tan melodiosamente, que no las escucharon por lo que se salvaron de su terrible destino. Butes (uno de los argonautas) no pudo soportar la tentación y se lanzo al mar, pero Afrodita lo rescato. Posteriormente, como hemos visto anteriormente, Ulises consiguió pasar cerca de las sirenas sin caer en su influjo gracias a que estaba atado al mástil del barco, al menos eso nos cuenta el relato.

Su canto

En La Odisea se nos dice que lo que cautiva de las sirenas es el canto en si, pero fijémonos también en lo que le dicen a Ulises y veremos que hay muchos más que un cántico melodioso: “¡Ven aquí, acércate a nosotros, Ulises tan elogiado, honor y gloria de la Acaya!... Detén tu nave y ven a escuchar nuestras voces. Jamás un negro navío doblo nuestro cabo sin oír las dulces melodías que salen de nuestros labios. Después de deleitarse con ellas, quienes las escucharon se van alegres conociendo muchas cosas que ignoraban, pues nosotras sabemos todas las penalidades que los dioses infligieron en la guerra de Troya a los argivos y a los troyanos y estamos enteradas de cuanto ocurre sobre la Tierra.”

Cuenta la leyenda que si un hombre era capaz de oírlas sin sentirse atraído por ellas, una de las sirenas debería morir. En el caso de Ulises le toco a Parténope y una vez muerta las olas la lanzaron hasta la playa y allí fue enterrada donde se instalo posteriormente un templo que se transformo con el tiempo en la actual ciudad de Nápoles. Lo que hacían las sirenas con su canto en realidad, eran decirles a los navegantes aquello que precisamente querían escuchar y mas a marineros que llevaban mucho tiempo navegando a veces casi sin rumbo fijo. Las sirenas les ofrecía ese cobijo que estos solitarios marineros necesitan siendo la mejor manera de atraerlos y devorarlos supuestamente, ya que en La Odisea no nos especifica que hacían las sirenas con los náufragos.

Su silencio

En la versión clásica de Ulises hay algo que no nos cuadra. Si las sirenas tenían tanto poder y su cántico podía traspasar cualquier cosa, unos tapones de cera y estar atado férreamente a un mástil no parecen suficientes medidas para vencer a las Sirenas. En sus “Obras completas” de la editorial Teorema, Franz Kafka ofrece una peculiar versión de la aventura de Ulises con las sirenas. Según nos cuenta Kafka: “(...) En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que aquel enemigo solo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien solo pensaba en ceras y cadenas les hizo olvidar toda canción y Ulises no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que solo el se hallaba a salvo (...)”

Esta versión de Kafka tiene varios defectos, da por hecho que Ulises tenia tapones de cera puestos y según nos cuenta la Odisea se ató al mástil precisamente para poder escuchar el canto de las sirenas. Esto no es óbice para preguntarnos como pudo Ulises resistir el canto o el silencio de las sirenas, un tema que hoy en día no podemos comprender del mito.

Transformación de mujeres-ave a mujeres-pez

Muchas veces nos preguntamos en que momento estas mujeres-ave pasaron a ser mujeres-pez, si fue un problema en la recopilación de los relatos mitológicos o fue una adaptación hecha a propósito. Lo único que sabemos es que en un momento dado la tradición nos cuenta que por culpa de su belleza, las Sirenas se atrevieron a competir con las Musas, y en la pelea, éstas las derrotaron y les arrancaron las plumas. Llenas de vergüenza por la derrota, se retiraron a las costas de Sicilia, donde cambiaron sus alas inservibles por una larga cola de pez. ¿Ésta es realmente la respuesta a este cambio? Hoy en día no podemos asegurarlo y habrá que seguir buceando en la versión mas antigua del mito par poder averiguar la verdadera razón de esta extraña transformación. Especulando un poco, a todos nos extraña que existan seres marinos con busto de mujer y cuerpo de ave, una especie muy extraña de aves acuáticas. Lo lógico en si es que los seres marinos tengan un cuerpo que les capacite para moverse por las aguas y es por eso que en un momento determinado del tiempo se produjese esta transformación en mujer-pez.

Posteriormente las sirenas pasaron a ser consideradas divinidades del mas allá, y se suponía que cantaban para los bienaventurados en las Islas Afortunadas. Fue así como pasaron a representar las armonías celestiales y es así como las dibujan en los ataúdes y sarcófagos. Hasta que llego la Edad Media y empezaron a ser consideradas como seres malignos, pero ya entonces se consideraba estas criaturas como mitad pez y cuyo propósito era molestar a los navegantes.